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Mensajes - Klyon

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Solicitudes de ingreso / Re:Solicitud de ingreso de klyonline
« en: 07 de Mayo de 2020, 23:24:48 »
Hola Klyon, bienvenido de nuevo, ahora que has cogido fuerzas te vas a comer spacecowboys.
Nos vemos dentro  :cervezas:

¿Me estás llamando gordo?  :46:

Un placer leerte de nuevo Melfist, un abrazo.

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Solicitudes de ingreso / Solicitud de ingreso de klyonline
« en: 07 de Mayo de 2020, 23:13:39 »
Hola,

estaba en el clan pero me echaron por inactividad. Los excolegas del clan son unos pesados y han insistido en que vuelva, y como ya queda menos de 20 años para que salga el juego es un buen momento para ir retomando el contacto.

Saludos y besis  :(K): :(K):

PD: Si no me admitís, me voy con los Storm Riders, vosotros veréis  :P:

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Solicitudes de ingreso / Solicitud de ingreso de klyonline
« en: 17 de Noviembre de 2014, 23:06:41 »
Hola,

he estado en clanes contrabandistas como ROV Rifters y piratas como Solar Synthetic, Non Serviam y Absolute Zero. No soy un espía, lo juro, pero si lo fuera también lo negaría.

Vengo de parte de un tío llamado Rober que me convenció en 5 minutos poniéndome ojitos y llevándome de cañas por ahí (aparte de que tengo que rentabilizar los 10 euros del polo que me pidió) y me sacó del lado oscuro.

Me gustan las naves espaciales, pasear mirando las estrellas cogido de la mano y las mujeres que no se avergüenzan de ver a un hombre llorar.

Poderes especiales: Tengo un Oculus Rift y no dudaré en usarlo.


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Relatos / Biografías / Re:Relatos Gunslingers
« en: 12 de Mayo de 2014, 02:52:26 »
El alboroto me empezó a dar dolor de cabeza y me ausenté mientras los chicos seguían celebrando el éxito. Me acerqué a la pequeña sala llena de cajas en la trastienda del Titty Twister que usaba a modo de habitación. Como siempre hago cuando termino una misión, me quito del cuello el pequeño colgante con un pequeño dispositivo de almacenamiento y lo miro fíjamente: "¿Será hoy el día?"

Hace unos años contratamos a una camarera Vanduul para regentar el primer Titty Twister que abrimos en Magnus. Apenas sabía hablar ningún idioma humano y su nombre era impronunciable, así que la acabamos llamando Vane. Nos contaba que le gustaba vivir entre humanos porque su raza era avanzada en artes y tecnología guerrera, pero muy atrasada en todo lo demás. No era raro que los clientes pasaran noches enteras escuchándola contar historias sobre la vida Vanduul, y aunque siempre había alguno que entraba increpando e insultándola, sobretodo cuando había habido enfrentamientos, nosotros la defendíamos y salvaguardábamos su integridad, sobretodo yo. Y ella lo notaba.

Era fea como su puta madre, pero hipnotizante a la vez, y entre nosotros fue creciendo algo que ni la diferencia racial pudo evitar. Me hizo cosas que ninguna humana querría o podría hacer, y aunque nuestra relación no era exclusiva, siempre hubo un lazo especial entre nosotros.

Por eso, aquel maldito día, cuando me miró a los ojos supo que ocurría algo. Y cuando le pregunté dónde había guardado el dispositivo de almacenamiento que había robado a un Senador de la UEE al que escoltamos el día anterior, ella no fue capaz de ocultar en su mirada que sabía de qué estaba hablando. Así que sin quererlo ni beberlo, Vane me apuntó con una pistola a la cabeza.

"No hagas eso, por favor", le dije. Se lo supliqué, juro por mi vida que le supliqué que bajara el arma. Empezó a decirme nerviosa que la UEE no era como nosotros creíamos, que se estaban cometiendo atrocidades con su pueblo, esclavizaban a los prisioneros, y los que se resistían eran torturados y eliminados en cárceles escondidas en planetas lejanos. Que el gobierno ocultaba toda esa información para que no saliese a la luz pública.

No la escuché, sólo quería que bajara el arma y que todo hubiese sido un mal sueño. Pero entonces apretó el gatillo y descubrió que yo había inutilizado previamente el mecanismo de disparo.

Saqué mi pistola, apunté, cerré los ojos y disparé varias veces deseando dentro de mí que ninguna impactara sobre ella. Abrí los ojos y me acerqué a su cuerpo tendido, antes de dar su último suspiro me regaló sus últimas palabras: "Os están engañando, amor mío".

Y como siempre hago cuando termino una misión, miro el dispositivo de almacenamiento intentando conseguir el valor suficiente para consultar su contenido y comprobar que ella estaba equivocada. Porque cualquier otra opción sería demasiado dolorosa para soportarla.

"¡Klyon! ¡Han encontrado a Malak!", escuché a Goldry gritar desde detrás de la puerta.

Supongo que hoy tampoco será el día.

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Solicitudes de ingreso / Re:Solicitud de ingreso de W1D0W-MKR
« en: 26 de Abril de 2014, 20:38:39 »
Hola W1DOW!

Aquí no se trata mal a nadie, fomentamos el compañerismo, la solidaridad y orgías con putes Vanduul en el Titty Twister.

¡Bienvenido!

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Solicitudes de ingreso / Re:Solicitud de ingreso de Nabis
« en: 26 de Abril de 2014, 20:36:18 »
Bienvenido Nabis!

El uso de razón es algo sobrevalorado y en Space Cowboys no lo practicamos. Somos más de buscar la esencia del ser humano reminiscente que subyace bajo el alma etérea, y si a los dos minutos no la hemos encontrado, ¡cerveza para el buche!

Nos vemos por aquí!


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Relatos / Biografías / Re:Cuenta la leyenda...
« en: 26 de Abril de 2014, 18:27:49 »
Tiene música, pero sólo está en mi cabeza

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Foro Público / Re:Saludos desde Storm Riders.
« en: 26 de Abril de 2014, 17:46:58 »
Rebienvenida Meg :)

Es un placer tenerte de nuevo por aquí aunque sea como embajadora.

Da recuerdos por allí de nuestra parte y llévate unas birras de Cow Beer para que prueben el mejor pis vanduul frío de la galaxia.  :cerveza:

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Relatos / Biografías / Re:Fecha estelar 2943.4.14
« en: 23 de Abril de 2014, 23:02:54 »
by Delan Conway on Mar Nov 05, 2013 21:37:54

-Haces mala cara. -me dijo Mike. -Recuerda que es a mi a quien dispararon.- lo dijo cierta tristeza, como quien sabe que va a contar un chiste del que nadie se va a reír.
-No estoy durmiendo bien. Yo...
-Lo sé chico. Siento haberte metido en esto. De verdad. Ni siquiera lo pensé. -hubo unos silencio entre ambos, No fue de esos incómodos que se suelen dar entre dos personas que, en realidad, apenas se conocen. Era un silencio repleto de respeto y amor, un espacio que compartimos como hermanos. O al menos así fue para mí- Sé que no va a hacer que te sientas mejor pero lo que hiciste nos salvó la vida. Si una de esas naves nos hubiera seguido...Te debo la vida de mi hija Del'an. Y eso es algo que nunca olvidaré.
-Gracias Mike, pero me sigo sintiendo como una mierda.
-En esta vida el camino correcto siempre es el más tortuoso. Eso es algo que aprendí hace mucho tiempo.
-¿Y cómo logro volver a dormir? ¿Cómo hago para que se callen por las noches?
-No lo sé Del'an, pero el alcohol no es una buena solución a largo plazo. Créeme, lo sé muy bien. -había añoranza en su voz, como si estuviera recordando algo en lo que llevaba tiempo sin pensar- Toda esa escoria de la estación... ellos... ellos lo tienen fácil. Desconectaron su consciencia hace mucho tiempo por eso, cuando toman una decisión, siguen con ella sin importarle a cuántos van a llevarse por delante. Te puedo asegurar que ninguno de ellos estaría una sola noche sin dormir por haber hecho lo que tu hiciste. El hombre recto, el hombre que aún conserva su honor, sin embargo, siempre será atormentado por los caminos que escogió no recorrer. Te pasarás el resto de tu vida preguntándote qué hubiera pasado si hubieras hecho esto en vez de aquello, si hubieras podido evitar volar la maldita estación. Así es como el mal ha desgastado a la humanidad todos estos siglos, hasta convertirla en la broma pesada que somos ahora. Nos jode la mente y el alma y muchos hombres buenos han terminado destruidos por ello. No dejes que eso te ocurra a ti. -Mike me cogió la mano- Por favor.- era la súplica de un padre hacía un hijo.
-¿Cómo lo lograste tú?

Mike desvió la mirada hacia la puerta. Esbozó una sonrisa repleta de orgullo y amor y dijo:
-Faye.

Ella estaba allí plantada, con un gran vaso de zumo en las manos que había ido a buscar para él. Y fue entonces cuando lo comprendí. Faye era un punto fijo en el universo, el hogar, dulce y hermoso, al que Mike siempre tenía que regresar. Ella había sido su faro en este confuso camino que, a menudo, nos lleva a hacer cosas terribles para proteger a aquellos a los que amamos.
Y, en ese preciso instante, supe que tenía que irme de allí esa misma tarde. Creo que Mike también lo sabía. Faye era demasiado importante, para ambos como para hacerla correr el riesgo de estar con alguien como yo a su lado. Mi vida se encontraba en el borde de un acantilado y ambos sabíamos que podía caer con facilidad si no me andaba con cuidado. Y si estaba con ella cuando eso ocurriera me la llevaría conmigo y a Mike tras ella.
No, Faye era el faro de Mike, su razón para vivir, yo tendría que buscar la mía si quería salir de todo aquello con vida. Y tenía que salir de allí cuanto antes o la tentación de quedarme sería demasiado fuerte.

Me di la vuelta y miré a Mike. Debió leer lo que pensaba en mis ojos pues me apretó con fuerza la mano y, asintiendo con la cabeza me dijo:
-Lo entiendo.
-¿Qué es lo que entiendes? -preguntó Faye con cierta alegría mientras se acercaba para darle el zumo.
-Del'an nos deja querida.
-¿Qué? ¿Por qué? -parecía contrariada. Lo que lo hacía todo más duro aún. Pero el camino del hombre recto es el más tortuoso. ¿No es lo que había dicho Mike? Y, maldita sea, cuánta razón tenía.
-Tiene que seguir su vida. Tiene que encontrar su camino. -fue Mike quien se adelantó y me sacó del apuro de tener que ser yo quién lo dijera. Me estaba facilitando el camino y se lo agradecí sobremanera.
-Prometo que volveré a visitaros en cuanto pueda pero tu padre tiene razón. Me dio la oportunidad de empezar de nuevo y tengo que aprovechara.
-¿Y por qué no lo haces aquí?
-Su camino está ahí fuera cielo.
-Ahg, ya estamos otra vez. ¿Qué diablos os pasa a los hombres con el espacio? ¿Acaso os volveríais locos si estuvierais con los pies en tierra firme más de una semana?
Aquello me hizo sonreír al pensar en lo loca que había sido mi vida en los últimos meses en casa.
-Si, creo que puedes tener razón. -y Mike y yo rompimos a reír.
-Estáis chiflados. -estaba molesta pero también resignada. Yo no había sido más que un breve intermedio en su vida. Había aparecido cuando más me necesitaban al igual que lo hicieron conmigo. Había llegado el momento de cruzar mi vida con la de muchos otros y, tal vez, con algo de suerte, yo también podría encontrar un hogar al que regresar, un faro que me indicara el camino correcto incluso en la oscuridad del espacio.
-Del'an, una cosa más. Quiero que te lleves la Blue Star.
Fue como recibir un mazazo en pleno estómago.
-¿¡Qué!? Ni hablar. no puedo aceptarlo.
Faye no dijo nada, aunque su mirada de perplejidad dejaba claro lo mucho que aquella nave significaba para su padre.
-No vamos a discutir por esto, chaval. En éste planeta esta todo lo que me importa- dijo mirando a su hija- y no pienso alejarme de nuevo. Además, que mejor forma de terminar una vida de aventuras que rescatando a un hermosa joven de las garras de la estación negra. Puede que hasta escriba un libro sobre ello. -añadió con sorna- La Blue Star es vieja pero siempre ha logrado sacarme de una pieza de todos los líos en los que me he metido. Bueno, casi. -dijo mirándose el costado- Es una buena nave y no merece terminar en un desguace.
-Yo... ni siquiera sé qué decir.
-No digas nada entonces. Entre hermanos sobran las palabras. Ve hijo, sube alto y vive tu vida. -entonces empezó a entonar de nuevo aquella vieja tonadilla.

No recuerdo dónde vengo
ni me importa dónde voy,
mi hogar son las estrellas
y mi patria donde estoy.
Mi nave es mi montura.
El espacio... la llanura.
¿La cerveza? ¡Con espuma!
¡Y mi hermano es un Cowboy!

Dijimos eso último al unísono y lo sentí como algo natural, un sentimiento que se había aposentado en mi corazón y empezaba a apoderarse de mi alma. Ya no eran sólo palabras vacías, tenían un significado, Mike me lo había enseñado.

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Relatos / Biografías / Re:Fecha estelar 2943.4.14
« en: 23 de Abril de 2014, 23:02:34 »
by Delan Conway on Mar Nov 05, 2013 21:37:27

Esta noche he salido con Faye. Nada serio, sólo la invité a cenar. Llevaba encerrada en esa habitación de hospital demasiadas horas. La verdad es que no ha ido tan bien como esperaba. Sentados en la mesa, jugueteábamos intranquilos con nuestras copas sin apenas probar bocado. Creo que los dos teníamos la cabeza en otro sitio. Hacía tres días que no iba a visitar a Mike. Los médicos dijeron que su estado había empeorado en las últimas horas y ni aún así fui capaz de perder diez minutos con él.
Mañana tengo que resolver eso.

¿Y quién resolverá lo otro Del’an? ¿Quién?

-Creo que aún no te he dado las gracias. -dijo Faye.
-No importa. Has estado ocupada estos días. -quise sonar cariñoso y comprensivo pero no estoy seguro de que eso fuera lo que salió de mis labios. Aún así ella no dijo nada.
-Sí, sí que importa. -entonces alzó al vista y me miró por primera vez desde que nos sentáramos- ¿Por qué lo hiciste? No me conocías, ni siquiera conocías a mi padre. ¿Por qué jugarte el cuello así?
-No estoy seguro Faye, supongo que no tenía nada mejor que hacer. -y, en parte, era cierto.
-No sé si eso es muy estúpido o muy valiente.
Una poderosa imagen se apoderó de mi mente. En ella yo no tenía más de once o doce años. Una de las peores épocas de mi vida. Papá llegaba a menudo borracho a casa y … en fin, digamos que su cinturón se soltaba con facilidad. Podía estamparlo contra mi o contra mi madre, a él le daba igual. Lo único que quería era desahogarse por el modo en que su jefe le humillaba en el trabajo. Recordé las veces en las que me quedé quieto mientras él se ensañaba con ella. Pude hacer tantas cosas y, sin embargo, no hice nada. Ni llame a la policía, ni salté sobre él para detenerle. Creo que lo peor era… lo peor era que una parte de mi se alegraba que esa noche le tocara a ella. Sabía que si llamaba su atención, si hacía cualquier cosa, yo sería el siguiente, así que me acurrucaba en una esquina y rezaba para que cayera dormido antes de venir a por mi.

Dios, a veces me doy asco.

-Nunca fui valiente créeme. -no tenía intención de contarle nada de todo aquello. A decir verdad, de pronto ya no tenía ganas de contarle nada en absoluto. Sólo quería terminar la cena y meterme en la cama cuanto antes. No había necesidad de traer de vuelta los fantasmas del pasado.

Con los del presente ya tienes más que de sobras

-Del’an yo… Cuando me llevaron estaba aterrada. Cada vez que alguien venía a traerme la comida yo…
-Está bien Faye, no hace falta que…
-Quiero hacerlo Del’an. Necesito hacerlo. -Yo asentí- Pensaba que iban a violarme en cualquier momento. Vi a unos cinco tipos, aunque imagino que habría más, y me preguntaba quién sería el primero. Veía sus miradas, cómo me deseaban. Sé que no les hubiera importado hacerlo, que ni siquiera sentirían el menor remordimiento después. Pero ninguno me tocó. Luego me encerraron en la estación y, en muchos sentidos, fue peor que estar en la nave, allí al menos siempre había algún ruido con el que distraerse. En la celda, sin embargo, todo era silencio. No veía ni escuchaba a nadie. La comida me la servían a través de un dispensador. Incluso me duchaba en la celda. Pensé que habían arrojado la llave para siempre. Nunca había tenido tanto miedo.
-Suerte que el pelotón de rescate fue rápido ¿eh? -le dije intentando quitarle hierro al asunto. Su melancolía me estaba destrozando. ¿por qué se empeñaba en recordar aquello que debería intentar olvidar?

Reconozco que estoy hecho un lío. Ella me atrae, eso no lo puedo negar. Es más guapa de lo que pensaba. Dormir en una cama de verdad, aunque fuera la del hospital, le había sentado de maravilla. Y sabía que aún sería más hermosa cuando no tuviera que temer por la vida de su padre y pudiera relajarse un poco más. Pero otra parte de mí, una que no consigo entender, la odia con una fuerza abrumadora.
Si no hubiera sido tan estúpida como para haberse dejado atrapar, si Mike no me hubiese arrastrado a aquella locura… tal vez ahora podría dormir más de una hora seguida sin que los gritos de aquellos que maté me acorralen en la oscuridad de la noche.

O puede que ya te hubieras pegado un tiro tras una de tus borracheras

Sí, tal vez me hayan dado una vida. ¿Pero a qué precio?

Oh, vamos Del’an eran escoria y lo sabes. Ellos mismos construyeron aquel estercolero, tú sólo te limitaste a reciclarlo. Sinceramente, creo que el universo te debe una.

-Díselo a la cantidad de mierda que esparcí por todos lados. Estarán recogiendo escombros durante décadas.

¿Lo ves?; la de currelas que podrán dar de comer a sus hijos gracias a ti. Si es que eres un santo.

-¿De verás? ¿Y por qué no consigo pegar ojo?

Eso tiene fácil solución. ¿Cuánto hace que no echas un buen polvo? Mírala cabezón. La tienes enfrente y está vulnerable.

-¿Acaba de hablarme del miedo que tuvo a que la violaran y pretendes que le haga proposiciones? ¿Estás chiflado?
Teniendo en cuenta que llevas como quince minutos hablando contigo mismo, no sé yo quién está peor de los dos pero ¡Oye, tu mismo! A mi me la pela si me haces caso o no. Per te aseguro que después de hacerlo dormirías como un tronco.

-Oye Faye…
-¿Sí?
Allí estaba ella, mirándome con ojos cansados. Tan frágil y temerosa. Tal vez ambos necesitáramos sentirnos queridos por unas horas. Tal vez era justo lo que necesitábamos.
-No has probado bocado y necesitas recuperar fuerzas.
Ella sonrió y se llevó un trozo de carne a la boca. Lo hizo con un automatismo que me aterrorizó, como si, realmente, tuviera poder sobre ella. Y no me gustó.

En fin, supongo que una puta cualquiera también valdrá.

-¡Oh, cállate!

No hubo prostitutas esa noche, ni ninguna otra. Nunca había pagado por sexo y no pensaba empezar ahora. Además, no habíamos rescatado a Faye de los esclavistas sólo para convertirme en uno por unas horas. Pero sí empecé a pensar en cuál sería mi siguiente paso. Hasta ese momento no había tenido tiempo de pensar en ello. De echo, hasta ese preciso instante, ni siquiera me había parado a pensar que tras rescatar a Faye debería seguir mi camino. ¿Pero qué camino? Miraba hacia el futuro y no veía más que oscuridad. Me aterraba pensar que, si ellos me dejaban, si decidían volver a sus casas (cosa que ocurriría con casi total seguridad) la tristeza y las ganas de dejarme morir volverían a apoderarse de mi.

El universo era oscuro, frío e infinito y yo estaba solo.
Mike me había dado un objetivo, una razón para continuar unos días más, pero eso era todo. La prórroga había acabado y la vida volvía a preguntarme de nuevo: ¿Y ahora qué?

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Relatos / Biografías / Re:Fecha estelar 2943.4.14
« en: 23 de Abril de 2014, 23:02:12 »
by Delan Conway on Vie Nov 01, 2013 14:00:11

He esperado a que alguien saliera de cualquier parte y me descerrajara un tiro en la nuca por lo que hice, pero hace un par de semanas de nuestro rescate en la Estación Negra y nadie ha venido a por mi. Tal vez lo hagan o tal vez no quedara nadie para vengarse por lo que hice. ¿Quién sabe?
Mike sigue en el hospital. Casi lo perdemos en un par de ocasiones. Por fortuna los médicos que le atendieron eran buenos y hoy sigue respirando. Sé que, aunque sobreviva, ya no será el mismo. ¿Cómo podría? Faye tampoco lo será, no después de lo que ha vívido y yo… yo ni siquiera sé qué soy ahora.

Por las noches sueño con ese momento, el fatídico instante en que el temor me venció. El miedo se apoderó de mi cuerpo nublando mi mente. En ella tan sólo había imágenes de nuestra propia muerte. Sabía que si una sola de aquellas naves nos seguía seríamos hombres muertos, que no sería como en el simulador. Ni siquiera recuerdo apretar los gatillos, sólo rojos destellos y el fuego ardiendo. Su luz ilumina mis noches y, cuando me despierto sobresaltado en plena noche, casi creo escuchar el tímido crepitar de la piel humana derritiéndose sobre el hueso.

Faye pasaba la mayor parte del día y de la noche en el hospital con Mike. No la culpo por ello, supongo que yo hubiera hecho lo mismo de haber sido mi madre la que estuviera allí postrada.
¿MI padre…? bueno no sé qué hubiera hecho de ser mi padre. Es… complicado.
No tiene sentido pensar en ello ahora. Si algo saben hacer bien los muertos es esperar.

Mike no quiso que informáramos a las autoridades de lo sucedido. Ellos tampoco quieren saberlo, créeme. Tal ve tuvieran razón. Demasiado papeleo para algo que todos sabían que sería archivado en cuanto rubricaran el último punto del informe. No valía la pena.

-No esperes que nadie te salve el culo allí fuera chico. En el espacio es un desierto. No hay compasión, no hay honor, por eso es importante que te rijas por tu propio código moral o pronto, sin darte cuenta, sólo serás otra escoria más. Y ya hay demasiada escoria hijo.

Era la primera vez que le llamaba así y me descubrí deseando que ese hombre hubiera sido en realidad mi padre.

"Pero no podemos escoger a nuestra familia ¿Verdad?"

Pero podríamos fingir. ¿No? Dime que podemos fingir.

"Eso convertiría a Faye en tu hermana"

Si, eso podría ser un problema.

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Relatos / Biografías / Re:Fecha estelar 2943.4.14
« en: 23 de Abril de 2014, 23:01:59 »
by Delan Conway on Vie Oct 18, 2013 15:39:34
-Procura no llamar la atención- me había dicho Mike pero, cómo no hacerlo cuando uno se encontraba tan fuera de lugar, cuando podría atravesarte el pecho una bala disparada desde quién sabe dónde. Observaba a aquellos tipos que nos miraban sin mirarnos a la espera de ver el cañón de un arma asomar por debajo de un de aquellos largos abrigos.
Acabábamos de timar a la familia Kitano y estaba convencido que llevábamos una gran diana de neón colgando sobre nuestras cabezas. Sabía que, si nos metíamos sin querer en un callejón sin salida seríamos hombres muertos antes siquiera de que tuviéramos  tiempo de dar media vuelta para ver quién nos dispararía.
 
Mike, sin embargo, caminaba deprisa y con paso confiado. Como si hubiera estado en aquella misma estación una infinidad de veces en el pasado. Cruzamos un gran sección de apartamentos. Fríos, oscuros. El suelo estaba húmedo y grandes goteras se esparcían por las tuberías que recorrían el sector. El nauseabundo olor de la estación se mezclaba allí con el de una infinidad de orines y excrementos. Aquello era un vertedero y me preguntaba qué clase de persona podía vivir en semejante lugar. Caminaba con los ojos pegados al suelo, intentando esquivar los grandes charcos de vómitos que estaban esparcidos aquí y allá. De reojo pude ver a un tipo, sentado en cuclillas en un oscuro rincón. Se balanceaba ligeramente de un lado a otro mientras, con sus brazos, se abrazaba para intentar entrar en calor. Sabía qué le ocurría, lo había visto antes. Cuando el efecto del <em>el beso rojo</em> empieza a desaparecer, tu cuerpo pide más, grita por más y, si ese hombre no se lo daba pronto, sabía que las convulsiones terminarían por partirle la columna. Eso si lograba no abrirse la cabeza con la pared. Esos hijos de puta lo habían hecho condenadamente bien. Resultaba extremadamente difícil morir de una sobredosis de Beso rojo, el verdadero peligro, sin embargo, era el síndrome de abstinencia. De hecho, lo que el beso rojo hacía, era implantar un nuevo virus en tu cerebro, una microscópica bestia que se alimentaba de sí misma o, en su defecto, de tu cerebro. Y no había cura para ella, al menos aún no así que, o te metías un chute de Beso Rojo cada veinticuatro horas o perdías un cacho de cerebro. 
 
No es que sepa mucho de estos temas pero hace cinco años fue una verdadera plaga. Los chicos se engancharon y caían como moscas. Han habido muy pocos casos registrados en el territorio de la UEE desde entonces pero supongo que estábamos muy lejos de la UEE en esos momentos. 
De todos modos aquel tipo estaba frito.
Sin darme cuenta llegamos frente a una diminuta puerta de servicio. Mike se detuvo y empezó a rebuscar por los alrededores.
-Me cago en la... Cómo no lo haya traído juro que le arrancaré las pelotas.
-¿Mike, de qué hablas? ¿Va todo bien?
Se encaramó a uno de los tubos de ventilación y rebuscó a ciegas en su interior. Esbozó una amplia sonrisa y sacó una pequeña bolsa negra.
Me quedé sin habla cuando Mike me tendió el arma. Era la primera vez en mi vida que sostenía una entre mis manos y, tengo que reconocerlo, sentí miedo. Nunca un objeto de metal me había parecido tan lleno de alma como aquel. Un alma oscura, llena de dolor y muerte. Nada bueno podía salir de allí.  No sí nos veíamos obligados a usarlas.
-Guárdala bien y no la saques a menos que yo lo haga. Si empiezan los tiros asegúrate de apuntar hacia ellos. ¿Entendido?- asentí-
Ésta puerta nos llevará directamente a las celdas de contención. Yo hablaré. Si se dirigen a ti limítate a hacer el gilipollas con las manos como si supieras hablar el lenguaje de signos. -desde dónde estaba podía sentir el corazón de Mike bombeando a toda pastilla. Sus ojos, que antaño se me antojaron fríos y calculadores, me parecieron entonces ardientes y llenos de furia. Sin duda era una bomba a punto de estallar. Se dio la vuelta e insertó un código en el teclado numérico. Ni siquiera sé de dónde sacó la combinación pero la puerta se abrió con un sonido sordo. Mike volvió a murmurar entonces la vieja tonadilla que le escuchara cantar en la Blue Star: <em>No me importa dónde vengo, ni me importa dónde voy...</em>- O nos vamos con Faye o nos llevamos a cuantos hijoputas podamos por delante.
Sabía que se lo estaba diciendo a sí mismo. Era un juramento, un recordatorio, antes de cruzar aquella puerta y lanzar su farol. O se tragaban sus palabras o se tragarían su plomo, fuera como fuera, la fiesta estaba a punto de acabar.
 
Cruzamos la puerta y sentí el refrescante alivio de respirar un aire más fresco y puro.  La lobreguez de los pasillo que acabábamos de dejar atrás dio paso a una zona extremadamente bien iluminada. Demasiado incluso. Allí no había lugar para las sombras y era como mirar directamente a sol. Las poderosas luces cubrían hasta el más inaccesible de los recodos. Me pregunté cómo diablos podían aguantar aquello los tipos que teníamos enfrente montando guardia. Debían terminar con un buen dolor de cabeza.
 
El peso del arma se hizo más patente en mi cintura a medida que nos acercábamos al mostrador. Sobre nuestras cabezas un par de cámaras seguían nuestros avances. Los guardas, por el contrario, no parecían muy preocupados por nuestra presencia.
-Imagino que deben ser los socios del Sr. Kitano. -dijo el hombre del mostrador mientras tecleaba algo en el ordenador.
-Tengo el recibo de compra.- dijo Mike enviando la información a través de su mobiglas- Me gustaría llevarme la mercancía cuanto antes. Tengo una habitación reservada en una de las plantas superiores, ¿no sé si me entiende?
 
El hombre lo entendió, ya lo creo que lo hizo. Esbozó una amplia sonrisa y guiñó un ojo mientras, con un gesto de cabeza, le ordenaba a uno de los guardas que fueran a buscar a la chica.
-Es un hombre con suerte. -le dijo mientras veía, a través de una pantalla, la celda de Faye- Mucha suerte.
Pude ver la mandíbula de Mike contraerse al imaginar, sin duda, a aquel baboso contemplando a su hija, masturbándose allí mismo mientras la espiaba en la ducha. Sentí la ira de mi compañero como si fuera propia y, si yo quería ver muerto a ese tipo, no quiero ni imaginar qué estaría pasando por la mente de Mike en ese momento.
-He pagado una fortuna por ella. -su mandíbula crujió al hablar- Espero que esté en perfectas condiciones.
El hombre se sobresaltó.
-Por supuesto. Jamás permitiría que nadie pusiera un dedo sobre la propiedad del Sr. Kitano. -su voz se quebraba mientras Mike sopesaba si era por miedo a la tríada o por que estaba mintiendo.
 
Cuando vio aparecer a Faye, su corazón dio un vuelvo. Pude ver cómo todo su cuerpo se tensaba y recé para que el de seguridad creyera que era fruto de la excitación ante la promesa de un revolcón con aquel bombón.
 
A mí, por unos segundos, me dejó sin aliento. Jamás había imaginado que un tipo como Mike pudiera engendrar una hija como aquella. Tenía el cabello oscurecido por la suciedad pero breves destellos dorados se desprendían de su pelo aquí y allá al caminar. Sus ropas, (imaginé que eran las mismas que llevaba cuando la secuestraran) Estaban  rotas y mugrientas. La mirada clavada en sus pies desnudos, ni siquiera se percató de la presencia de su padre.
 
-Procuramos tenerlas limpias, pero andamos escasos de jabón. -le dijo el celador excusándose.
-No importa.
Mike miró la hora en su mobiglas. Teníamos que darnos prisa. No sabía exactamente cuánto tiempo hacía desde que saliéramos el <em>Olvido</em> pero Mike estaba nervioso. ¿De cuánto tiempo más dispondríamos hasta que descubrieran la verdad? Si había algo que podía unir a toda la escoria que regentaba la estación negra era, sin duda, el odio visceral hacia los que intentaban timar a los suyos. Sin duda, si saltaba la alarma, tendríamos a toda la estación tras nuestras cabezas.
-Deje que anote la salida en su ficha y será toda suya.
El hombre tecleaba en el ordenador a una velocidad alarmantemente lenta. O al menos eso me pareció a mí.
-Nos cambiaron el sistema hace poco. Ni se imagina lo mucho que nos está retrasando. Con lo fácil que eran las cosas antes... Son ganas de tocar las...
Una diminuta ventana apareció en medio de su pantalla. El hombre detuvo su lento teclear mientras leía su contenido. Parecía confuso.
Mike se movió a la velocidad del rayo. Antes de que pudiera darme cuenta, cogió al celador de la cabeza y se la aplastó contra el mostrador mientras, su otra mano, había descendido por su pierna en busca del cuchillo que cruzó los tres metros que le separaban de la cabeza del guarda con una precisión mortal. Faye gritó cuando un chorro de sangre le resbaló sobre la oreja. Luego el guarda se desplomó.
Al otro extremo de la sala, su compañero se apresuró a sacar su arma y realizó dos disparos sobre Mike. Logró esquivarlos de un modo que me pareció mágico. Rodó por el suelo en dirección al guarda. No sé en qué momento había desenfundado pero cuando volvió a plantar la rodilla en el suelo, su pistola le voló la nariz al guarda.
Todo había terminado incluso antes de que Faye o yo supiéramos qué estaba pasando. Corrí hacia la chica que sollozaba en el suelo. Cuando la cogí para alzarla estaba temblando.
-Faye. -al escuchar su nombre su respiración se entrecortó unos segundos- Tu padre está aquí.
Mike llegó corriendo. La abrazó con todas sus fuerzas y la besó en el pelo, en la frente en la mejilla; en todas partes, como si quisiera recuperar los besos que les habían robado.
-¿Estás bien? ¿Te... -se le atragantó la pregunta- ¿Te han hecho algo? -ella negó con la cabeza. Parecía incapaz de hablar. Sólo Dios sabía por lo que aquella pobre chica había tenido que pasar- Esta bien. No tenemos mucho tiempo, las cámaras  lo han visto todo. Tenemos que salir de aquí.
 
Me apresuré en cachear al celador. Imaginé que, tal vez, tuviera algún tipo de tarjeta o identificador que pudiera sernos útil. Mientras lo hacía, no pude evitar observar el mensaje del monitor.
-Mierda, Mike. -pensé.
No era más que un mensaje personal de una tal Margaret; un aviso de que había anulado la cena.
Un error, un estúpido error y tres hombres habían muerto y otros tres lo estarían muy pronto si no lográbamos salir de allí.
Imagino que nos hubiera ido mejor de haber cogido las ropas de los guardas,  pero ver dónde la cagamos cuando todo se ha ido ya al garete es demasiado fácil.
La alarma estalló estridente por toda la estación. 
En ese momento en lo único en lo que podíamos pensar era en salir cagando leches de allí.
Le metimos un balazo en cada cámara de seguridad y volvimos a cruzar la puerta de servicio que nos había traído hasta allí. Era menos probable que nos siguieran la pista en ese estercolero. Corrimos sin descanso por encima de los charcos de orina y vómito. Ya ni siquiera percibía el nauseabundo olor de aquellos pasillo. La adrenalina bombeaba mis músculos haciendo que creyera estar volando por encima el suelo. Mike abría camino cogiendo de la mano a su hija que luchaba por no resbalar cuando su padre cambiaba bruscamente de dirección. Era absolutamente imposible que Mike supiera dónde estábamos. Todos y cada uno de aquellos malditos pasillos parecían exactamente iguales y hacía tiempo que habíamos dejado de desandar el camino que hiciéramos al salir del bar.
Aunque no era al bar donde queríamos regresar ¿Verdad?
No, claro que no. Mike lo tenía todo previsto. Había estudiado los mapas una infinidad de veces, buscando vías de escape, culos de saco, y todo aquello que pudiera serles útil o meterles en problemas. Lo único que Mike no había planeado se llamaba Margaret.
 
De pronto se detuvo. Se giró hacia nosotros. Yo apenas podía mantener una respiración constante él, sin embargo, apenas parecía cansado.
-El muelle está a quinientos metros detrás de esta puerta. No sabemos s los guardas han tenido tiempo de recibir nuestra foto pero seguro que saben qué están buscando, así que será mejor que nos separemos cuando salgamos. Tú coge a Faye y llévala a la Blue Star, yo os alcanzaré luego.
-Mike yo...
-Haz lo que te digo. Yo os cubriré desde la multitud. Caminad sin prisas, mirando sin mirar. Tenéis que pasar desapercibidos. Si algo se tuerce  ábrete paso a tiros hasta la nave y largaos cagando leches.
-No sería mejor que fueras tú con...
-Mira chaval, no te ofendas, pero no quiero tenerte cubriéndome el culo. Tengo mejor puntería y sé lo que me hago. No pienso repetirlo.
Mike entreabrió la puerta y ojeó los alrededores. Lanzó un profundo suspiro y salió al exterior.
El sonido de la puerta al cerrarse tres él fue para mi como la detonación de una bala. Podía sentir el miedo creciendo en mi interior. Jamás había sido responsable de la vida de nadie hasta ese momento y, no voy a mentiros, la situación me superó.  Faye estaba allí plantada. Seguía con las manos esposadas y parecía incapaz de abrir la boca. Sin duda se encontraba en shock.
Conté hasta diez y, cogiéndola del brazo, cruzamos la puerta.
Reconocí el lugar en cuanto lo vi. El muelle de carga se encontraba a nuestra izquierda. Tan sólo teníamos que avanzar en linea recta mezclándonos con el gentío y todo iría bien. Lancé un rápido vistazo a nuestro alrededor pero no vi a Mike. Recé para que estuviera por allí, observándonos, protegiéndonos. Empezamos a caminar procurando refrenar el creciente impulso de echar a correr.
<em>Tienes que relajarte. Estás demasiado tenso. Van a notarlo. Sabrán quién eres y te coserán a balazos. </em>
Las sienes me palpitaban con fuerza y la boca se me secaba. Me costaba respirar y los ojos se me iban de un lado a otro. Intenté mantenerlos fijos en un punto inconcreto frente a mi pero cada movimiento que veía por el rabillo del ojo llamaba demasiado mi atención. Creía ver guardas en todas y cada una de las sombras que se movían a nuestro alrededor y, al mirarlas, desaparecían convirtiéndose en un mendigo, un pirata o un mercader.
Hasta que una no lo hizo.
Nuestras miradas se cruzaron un segundo, puede que dos, pero bastaron para que el entrenado y desconfiado guarda supiera que era el hombre que andaban buscando.
 
No hubo advertencias. Habíamos matado a tres de los suyos. No iba a haber clemencia, no iba a haber rendición. El guarda alzó el arma y disparó contra nosotros sin la menor contemplación. 
 
Faye cayó al suelo intentando esquivar las balas. El gentío se dispersó al escuchar las detonaciones. Corrían en todas direcciones como pollos sin cabeza. Temerosos de desenfundar entrometiéndose en los asuntos de alguna familia que más valdría no cabrear. Nadie iba a mover un sólo dedo para ayudarnos.
 
Desenfundé el arma y disparé a ciegas. Sólo quería hacer ruido, obligar a nuestro atacante a resguardarse unos segundos.  Con la mano que me quedaba libre, cogí a Faye por el hombro y la obligué a levantarse.
-¡Tenemos que salir de aquí! -efectué otros dos disparos-¡Ya Faye! ¡Ya!
Le di el empujón inicial en dirección a la Blue Star y corrí tras ella. Teníamos que ganar toda la ventaja posible antes de que el caos reinante en el muelle se calmara, antes de que todos salieran de allí o más guardas llegaran.
Escuchamos una nueva detonación a nuestra espalda. Un grito. Ininteligible y, sin embargo, familiar. Al girarme vi a Mike con el arma aún humeante. Había matado al guarda.
Me lanzó una furiosa mirada para que acelerara el paso. 
Espoleé a Faye cuanto pude pero estaba agotada. A saber cuándo había sido la última vez que la pobre muchacha durmiera más de dos horas seguidas, así que la cogí del brazo y tiré de ella.
 
Mike venía detrás nuestro. Se acercaba a gran velocidad. Ya podía ver la Blue Star esperando para sacarnos de allí.
-¡Entrad! -nos gritó Mike.  A su espalda, un pelotón de guardas aparecieron de la nada. Dos de ellos siguieron corriendo hacía nosotros mientras otros dos disparaban desde la lejanía.
La puerta de la Lancer se abrió con un sonido metálico, sin duda el sonido más hermoso que hubiera escuchado nunca, el sonido de la libertad, de la seguridad; la voz de Dios.
Faye subió las escaleras a duras penas y se desmayó en el pasillo nada más cruzar la puerta. El golpe sordo de su cabeza estrellándose sobre el suelo fue fuerte, pero ya tendría tiempo de preocuparme de ello más tarde.
 
Apunté a nuestros perseguidores y disparé procurando mantener la trayectoria de la bala lo más alejado que pudiera de Mike. No le di a ningún guarda pero al menos parecí ralentizar su avance.
 
Mike estaba a tan solo un par de metros. Ibamos a lograrlo. Nos habíamos adentrado en la boca del infierno y habíamos logrado salir de allí con vida.
 
Vi un trozo de carne salir escupido del vientre de Mike. Éste rodó sobre el suelo dejando un reguero de sangre a su paso. Corrí en su busca vaciando el cargador. No podía quitar la vista de ensangrentado cuerpo de mi amigo. Me arrodillé junto a él e intenté incorporarlo. Pesaba mucho más que Faye y a duras penas podía sostenerlo. Lancé una temerosa mirada hacia atrás sólo para comprobar como los guardas se acercaban cada vez más. Uno de ellos se había detenido y mantenía el arma levantada apuntándome directamente a la cabeza.
<em>Tal cerca y a la vez tan lejos</em>
-Mierda.- fue lo único que alcancé a decir antes de que disparara. Sólo que fue su rostro el que se esfumó tras una masa sanguinolenta y no el mío.
-¡Vamos! -me gritó Faye desde la escalera.
Sostenía uno de los rifles de precisión de su padre. El tamaño de aquel cañón parecía imposible comparándolo con sus delgados brazos pero ella lo mantenía firme. Lo movió levemente y volvió a disparar. Sólo vi un fogonazo pero a mi espalda otro de los guardas perdía uno de sus brazos.  Tiré de Mike como pude y trepamos las escaleras mientras Faye nos cubría.
Una vez dentro Mike me hizo a un lado y fue tambaleándose hasta la silla del piloto. Faye jadeaba por el esfuerzo y gotas de sudor perlaban su escote. Sé que no está bien, sé que no era el momento, pero juré no mentir y, la verdad, es que aquello me excitó.
-¡Vamos chico, esa torreta no se disparará sola!- me gritó Mike.
 
Así que corrí a la bodega y me encaramé en la torreta mientras Mike encendía los motores. Desde donde estaba pude ver como los guardas solicitaban refuerzos. Las armas que llevaban no podían hacer mucho contra el casco de la Lancer, pero algo me decía que tendrían algo de más tamaño escondido en alguna parte. Y estaba en camino.
 
Jamás un despegué se me hizo tan lento. Creí que ese trasto no iba a despegar nunca, que en cualquier momento vería los motores apagarse de nuevo. Me puse los guantes de cuero, encendí los controles de la torreta y disparé.  Tres de los guardas desaparecieron de mi vista. Simplemente se desintegraron cuando la primera salva les alcanzó y el suelo cedió bajo sus pies.
-¿¡Estás chiflado!? - me gritó Mike por el intercomunicador- Vas a matarnos a todos.
-O nos vamos con Faye o nos llevamos cuantos hijos de puta podamos por delante. -le respondí antes de disparar de nuevo.
Esta vez fue la pared norte la que desapareció. Se rompió como lo haría una hoja de cartón mojada. Luego no estoy seguro de lo que ocurrió. Sé que la Lancer empezó a moverse pero aún hoy sigue siendo confuso. Lo único que sé era que quería matarlos. A todos ellos. Disparaba a cuanto se moviera frente a mi. Hice volar por los aires un par de naves que había atracadas y la explosión hizo temblar la estación entera. Sabía que el sonido de todo aquello debía ser atronador. Gritos, explosiones, alarmas y disparos estallando entre aquellas paredes y, sin embargo, no podía oír nada de todo aquello. Sólo el aire entrando y saliendo de mis pulmones y el rítmico latir de mi corazón. Todo lo demás no existía, no era real. Sólo un sueño, una pesadilla de la que saldría a dentelladas. Dejé el gatillo apretado dejando que los poderosos láseres abrieran un boquete que atravesaría veintitrés pisos en la estación.
¿Cómo iba a saber qué ocurriría a continuación?
La lancer enfilaba la salida cuando un sonido logró abrirse camino a través de mis oídos. Eran golpes secos, intensos. Estallaban de un modo rítmico, como el repicar de los tambores del diablo.
La estación entera se venía abajo.
 
Logramos salir de allí a duras penas. Restos de metralla se desintegraban al chocar contra nuestros escudos haciendo que la nave se tambaleara en todas direcciones. Si uno solo de aquello gigantescos trozos de metal lograban atravesarlos podíamos darnos todos por jodidos. Rebanarían el casco de la nave como un cuchillo lo hace con la mantequilla. Miré hacia dónde minutos antes se encontraba la Estación Negra, sólo para descubrir que ya no estaba allí.
 
Y fue como si alguien abriera la escotilla de la Lancer dejando escapar el aire.
 
Una estación entera; ochenta, puede que cien mil personas habían muerto. 

Y fui yo quien les mató.   

13
Relatos / Biografías / Re:Fecha estelar 2943.4.14
« en: 23 de Abril de 2014, 22:57:44 »
by Delan Conway on Mie Sep 25, 2013 21:16:24

La Estación Negra era un antro de mala muerte en todos los sentidos. En cuanto salí de la Blue Star un pestilente hedor a sudor y metal oxidado me abofeteó la cara. Pensé que los filtros debían estar estropeados y no lograba entender por qué nadie se había molestado en arreglarlos. Mike, sin embargo, parecía no importarle. Miré a mi alrededor preguntándome cuánto tardaría la estación en venirse completamente abajo.
Seguí a Mike en el más absoluto silencio por entre los pasillos serpenteantes que parecían no llevar a ninguna parte. Una pesada sombra se cernía sobre nosotros, espoleaba nuestros talones y oprimía nuestras entrañas. Podía sentirla, relamiéndose, esperando el momento en el que la Estación Negra nos devorara, entonces se abalanzaría sobre nuestros restos y se alimentaría como el ave carroñera que era.
Mike tenía la vista fija al frente, intentando mantener la mente despejada, intentando no imaginar a su pequeña atada a una silla semi desnuda mientras la escoria de ese lugar se regodeaba en ello. Yo, sin embargo, no dejaba de mirar los rostros de todos aquellos con los que nos cruzábamos. Algunos se contentaban con ignorarnos sin embargo, la mayoría nos observaba con odio en la mirada. Aunque, para ser sincero, era a Mike a quien observaban. Parecían querer destriparlo con la mirada. Aún así no creí que le conocieran. Su andar autoritario y decidido parecía ser ofensa suficiente para aquella gente.
Más adelante descubriría que la Estación Negra es el punto de encuentro de piratas y contrabandistas, una especie de lugar sagrado en el que poder refugiarse y comerciar sin temer a una represalia. No llegaba a comprender cómo era posible que toda aquella chusma pudiera llegar a respetar el pacto de no agresión que imperaba en la estación. No parecía haber guardia alguna, o al menos no llegué a verla y, sin embargo, así era. No se me ocurrió pensar que la amenaza Vanduul tenía mucho que ver en aquella extraña unión.

La paz reinante estaba trazada con una delgada línea que podía rasgarse con demasiada facilidad. Eramos una amenaza. Una palabra a destiempo, un gesto equivocado y todo se vendría abajo como una de aquellas serpientes hechas con fichas de domino.

Aquellos ojos acusadores que nos seguían allí donde fuéramos querían detenernos antes de que Mike llegara a hacer aquello que había venido a hacer, sin embargo nadie osaba dar el primer paso. No sabían quiénes éramos, ni si estábamos con alguna facción. Interponerse en nuestro camino podría desencadenar aquello que intentaban evitar. Así que, para mi sorpresa, tuvimos vía libre hasta que llegamos a “Olvido” la taberna en la que, supuestamente, encontraríamos a alguien que pudiera llevarnos hasta Faye. Lo que desconocíamos era que las dudas sobre nuestra procedencia ya no seguirían protegiéndonos allí dentro, pues Olvido era regentado por y para la familia Kurosawa. Nadie que no perteneciera a la familia iría allí jamás, a menos que supiera muy bien lo que estaba haciendo. Había una ley no escrita en la estación; si vas a la “casa” de alguien y te destripa es que eres demasiado imbécil como para que nos preocupemos por ti. Así que, mientras lanzaran tu cadáver al espacio o lo convirtieran en albóndigas, nadie haría la menor pregunta.

Mike aceleró levemente el paso a medida que nos acercábamos a la taberna. En ese momento pensé que íbamos desarmados. No había visto una sola pistola desde que desembarcáramos, pero estaba convencido que había un auténtico arsenal dispuesto a apuntarnos directamente a la cara en cuanto cruzáramos la puerta.
-Mike…-le dijo. No respondió- ¡Mike! -se dio la vuelta como si acabara de acordarse que yo estaba allí con él- Acabo de darme cuenta que no llevamos armas.
Unos segundos de silencio. Intenso, agobiante.
-No las vamos a necesitar. Si esto se tuerce estaremos muertos antes de poder desenfundar, así que, para que provocarles.
Provocar dice, ya hemos provocado a media estación viniendo hacia aquí. Aunque no era cierto, ya nadie pensaba en nosotros, nos habían olvidado en cuanto salimos de su campo de visión. Así era la vida en la estación, un lugar en el que no hacían falta guardias porque todos se vigilaban entre sí pero y volvían a ocuparse de sus asuntos a la menor posibilidad.
Podía resultar un sistema extraño pero la verdad era que funcionaba condenadamente bien.
-Tu quédate detrás de mi y no abras la boca. Diga lo que diga, haga lo que haga, tu quédate callado, pon cara de mala leche y no te separes de mi.

Aquello era una locura. Podía sentir el miedo mordiéndome el bajo vientre como un perro famélico lo haría con un filete. Apreté con fuerza los dientes. Pensé que ayudaría a que mis manos no empezaran a temblar y seguí a Mike a través de la puerta. Procuré fijar un único pensamiento en mi cabeza, Faye. Una mujer a la que no conocía, un nombre al que ni siquiera podía poner rostro y que, sin embargo, iba a hacer que me desollaran vivo.
Procura tener un poco de fe en él. Parece que sabe lo que se hace.
Aquello no me tranquilizó. Aunque, de todas formas, mi mente se quedó en blanco en cuanto entré en el “Olvido”.

La oscuridad reinante era tal que, para cuando mis ojos se adaptaron a la escasa luz, ya tenía a un hombre pegado a mi espalda. Percibía su aliento en mi nuca, dispuesto a dejarme seco si hacía el menor paso en falso. Otro de los matones de Kurosawa inspeccionaba a Mike de arriba a abajo. Llevaba unos desgastados pantalones de pinza y, por encima de su cintura, una infinidad de holotatuajes, danzaban sobre su torso desnudo en un baile macabro, repleto de dolor, sangre y cadáveres.

Cuando hubo terminado con Mike me lanzó un gruñido para que me acercara. Mi mente parecía haberse salido corriendo de vuelta a la Blue Star esperando, probablemente, que el cuerpo la siguiera, pero no fue así. El cuerpo se quedó allí plantado, con el ceño lo más fruncido de lo que era capaz y rezando para que no le hicieran ningún tipo de pregunta. Sabía que, si en algún momento abría la boca, sin duda me la taparían de un balazo.
El hombre a mi espalda me dio un empujón para que obedeciera.

Cuando estuve a la altura del holotatuado, empezó a cachearme. Ni siquiera me llegaba a la barbilla pero sus músculos parecían estar cincelados sobre la piel. Sin duda podría romperme el cuello con demasiada facilidad.
Si es que llega, claro.
Aquella súbita muestra de humor absurdo e inapropiado me arrancó una sonrisa de los labios. Cosa que debió enfurecer al tipo porque, cuando me cacheó la entrepierna lo hizo con toda la brusquedad que se pudo permitir. Era la primera vez que otro hombre me tocaba las pelotas y, debo añadir que, más allá de lo extraño que me hizo sentir, estuvieron doliéndome durante un buen rato.

Me sentaron en una mesa y uno de los matones se acercó a mi con un diminuto vaso de porcelana. Se sentó frente a mi y bebió su contenido de un solo trago. Mike había sido conducido a otra mesa donde un tipo de pelo canosos jugueteaba con una pequeña navaja y un trozo de plástico que iba despellejando a consciencia.

El tipo que tenía enfrente no me quitó ojo. Sabía que, probablemente, tenía una recortada apuntándome directamente a la entrepierna en esos momentos pero, ni aún así iba a probar aquel brebaje. Si de algo tenían que servir todas esas novelas baratas que me hacía leer mi madre era para saber que la mejor forma de morir envenenado en aceptar bebidas de un chino cubierto de holotatuajes. Así que me dediqué a examinar la estancia mirando a todos y cada uno de los matones, unos siete (aunque imaginé que habría más en las otras habitaciones) como si fuera a arrancarles el gaznate si intentaban algo contra Mike.

De fondo el metálico sonido de una trompeta acompañaba los suaves acordes de un piano en una melodía que parecía provenir de otro tiempo, de otro lugar. Desentonaba tanto en ese tugurio como la haría una preciosa y refinada rubia de metro noventa. Simplemente no encajaba y, sin embargo, allí estaba. Al igual que yo, un supervisor ascendido a artillero y reconvertido en guarda espaldas.
Absurdo.
Intenté escuchar más allá de la música pero me resultó imposible descifrar ni una sola de las palabras que Mike y el Señor Canoso intercambiaron. El hombre parecía enfadado. Mike parecía enfadado. Los matones parecían enfadados y yo debería parecerlo también. Aunque empezaba a tener serias dudas al respecto.

Cuando, más tarde, mirara el reloj, me daría cuenta que tan sólo habían transcurrido diez minutos desde que nos coláramos en el “Olvido”, sin embargo a mi me parecieron diez horas.
Cada vez me parecía más apropiado el nombre del local. Allí dentro uno olvidaba quién era, quién había sido, incluso podía olvidar a qué había venido. Lo único inalterable, lo único que uno no podía olvidar entre esas cuatro paredes, era que podía morir en cualquier momento.

De pronto Señor Canoso dio una fuerte palmada y uno de los matones se les acercó con dos vasos de porcelana iguales al que me habían ofrecido. El hombre mostró una tosca sonrisa y apuró el contenido del vaso. Mike tecleó algo en su Mobiglas y dio cuenta de su bebida. Acto seguido se levantó y, con un casi imperceptible movimiento de cabeza, me indico que era hora de largarse de allí antes de que Kurosawa decidiera hacer sushi con sus culos.
Me levanté. El tipo que estaba frente a mi seguía mirándome. De pronto sentí la irrefrenable necesidad de abalanzarme sobre el y arrancarle ese par de ojos rasgados que me escudriñaban como si yo fuera escoria. En lugar de eso, alcé el vaso de porcelana y tragué su contenido.

El translúcido líquido me quemó la lengua en cuanto entró en mi boca, y siguió ardiendo dentro de mi cuerpo hasta que llegó al estómago pero no dejé que se reflejara en mi rostro. No iba darle ese placer al malnacido.

Cuando por fin salimos del “Olvido” la quemazón se había vuelto un ligero ardor, aunque su amargo sabor aún persistía en mi lengua.
-¿Se puede saber qué ha pasado allí dentro? – le pregunté.
-Acabo de comprar a mi hija. -no percibí la menor alegría en su voz.
Yo, sin embargo, sentí como si un gigante me quitara el planeta que llevaba cargando sobre mis hombros. Había salido de Davien, me había aventurado en tierra de nadie, esquivado por los pelos el ataque de una Caterpillar. Me había encarado con un pirata y había logrado no vomitarme la bebida sobre las rodillas y seguía vivo para contarlo.
¿Por qué Mike no parecía tan aliviado como lo estaba yo? ¿Qué estaba pasando?
-¿Algún problema? ¿Ella…Ella esta bien?
-Lo más probable. Al menos por ahora.
-¿Por ahora?
-Con suerte tenemos unos treinta minutos antes de que se de cuenta que el dinero no está realmente en sus cuentas.

La estación de pronto pareció encoger. Era como si un agujero negro se hubiera formado de pronto entre Mike y yo y estuviera devorándolo todo. Las paredes parecieron abalanzarse sobre mi. El techo se abombaba aquí y allá formando dunas de metal y el aire apenas entraba en mis pulmones. Luchaba por cada bocanada de aquella pestilencia. Mi estómago se revolvió de nuevo. Podía sentir el ardiente licor trepar por mi esófago.
Vomité sobre mis zapatos.
Al menos tus rodillas estan a salvo
No me hizo gracia, pero al menos aquello hizo retroceder al agujero negro y el pasillo volvió a la normalidad.
-Mira chico, no tengo tiempo para esto. ¿Crees que si tuviera dinero para venir y comprarla hubiera necesitado? Como no nos demos prisa en salir de aquí la estación nos buscara, nos atrapara y nos desollará. Así que ahora vamos a ir cagando leches hasta las celdas donde tienen a Faye retenida y la sacaremos de allí lo más rápido que podamos. Nadie debería hacernos preguntas, no si no quieren tener que dar explicaciones al viejo, así que cruza los dedos y reza para que no nos perdamos en esta mierda de laberinto.

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Relatos / Biografías / Re:Fecha estelar 2943.4.14
« en: 23 de Abril de 2014, 22:57:26 »
by Delan Conway on Dom Sep 22, 2013 13:10:18

-Mi hija. -se le hizo un nudo en la garganta que tuvo que aclarar antes de poder proseguir y supe que aquello era lo más parecido a llorar que aquel hombre era capaz de expresar- Desapareció de Davien II hace tres días.
-¿Por eso estabas en el bar?
-Acababa de averiguar hacia dónde se la habían llevado y necesitaba un trago antes de partir. Sé... sé que suena horrible pero de veras lo necesitaba.
No le juzgué, al fin y al cabo yo estaba allí por la misma razón.
-Y me encontraste.
Mike asintió con la cabeza.
-Te encontré. Vi que estabas allí esperando... -dudó unos segundos si decirlo o no. Le ahorré el mal trago.
-Morir. -Mike se encogió de hombros- No lo había pensado muy a fondo, pero supongo que la idea me rondaba la cabeza.
-Pensé que ambos saldríamos beneficiados.
-Debiste decírmelo.
-No hubieras venido.
-Precisamente. -las piernas empezaron a flaquearme, podía sentir en mi interior dos fuerzas tirando en lados opuestos. Ambas con sólidas razones. Jugaban con mi consciencia como dos chiquillos peleándose por quién se queda con el muñeco de trapo. Me senté a su lado y hundí la cabeza entre las rodillas- ¿Y para qué podría servirte alguien como yo? Sólo soy un peón más en una interminable cadena de montaje.
-Creo que ya no. -respondió él- Dudo que vayan a conservarte el puesto después de esto- y estalló en una sonora carcajada que retumbó entre los compartimentos de carga de un modo contagioso. Mis músculos se relajaron al dejar escapar esa deliciosa risa nerviosa. De pronto Mike enmudeció y me miró fijamente a los ojos- Ya no hay más hileras interminables de circuitos que supervisar, ya no hay reglas, no hay límites. Del'an, ahora puedes ser el hombre que quieras ser. Es tu camino el que se abre ante ti, por eso, si no quieres ayudarme...-hizo una pausa. Me estaba manipulando y yo dejé que lo hiciera- Dios sabe que lo entenderé.
Debo reconocer que me sentía aterrado. Jamás había abandonado Davien II y ahora, de repente, no sólo iba a salir del sistema, sino que iba a dejar el espacio de la UEE para adentrarme en tierra de nadie, el único sistema que nos mantenía separados de los Vanduul. En esos momentos ni siquiera me pregunté por qué los Vanduul no se habían apoderado del Nul. Era algo obvio, algo que debí prever, pero no lo hice. No podía pensar en otra cosa que no fuera aquella pobre muchacha y en lo que sus captores deberían estar haciéndole en aquellos momentos. Mike sentía ira, una ira que ardía en su interior de un modo que empecé a temer resultara suicida. Yo, sin embargo, tan sólo sentía miedo. Miedo a lo que pudiera ocurrirle a ella, a lo que pudiera ocurrirle a MIke pero sobre todo, y no me enorgullezco de ello, miedo a lo que pudiera ocurrirme a mi,
Tanto si iba con él como si me subía a la Starfarer, mi futuro no era más que un gigantesco agujero negro que amenazaba con devorarme. Así que decidí aferrarme con todas mis fuerzas a lo único que, por ahora, me parecía real.
-No sé cómo podré ayudarte, pero no te dejaré solo en esto.
Mike se puso de pie de un salto y, tendiéndome la mano, dijo:
-Necesito a alguien que le vigile el trasero a esta preciosidad.
Me incorporé y vi la torreta de la Lancer en lo alto.
De supervisor a artillero en un día... sin duda era un extraño ascenso.
-Puedo mirar cuanto quieras Mike, pero no he disparado en mi vida.
Mike se sonrió.
-Para eso, amigo mío, también tengo una solución.

Regresamos de vuelta a las literas donde Mike rebuscó en uno de los armarios. De él sacó unas aparatosas gafas traslúcidas junto con unos guantes de realidad virtual. Siempre había deseado probar uno de esos, pero mis padres nunca se lo habían podido permitir y, para cuando empecé a cobrar un sueldo más o menos digno, tenía otras cosas en la cabeza de las que preocuparme.

-La mayoría prefiere el poker pero yo soy más de pegar tiros. Y te evitas que una descarga perdida de al blanco equivocado. - me guiñó el ojo mientras me ayudaba a colocarme los guantes.
Cuando me puse las gafas tan sólo pude ver un gran vació abrirse frente a mi. El aparato se encajaba tan bien a las formas de la cara que no dejaba pasar ni el más leve rayo de luz. De no ser por el sonido del mundo real, uno podría creer que había sido arrojado al mismísimo fin del mundo.

-No voy a aminorar la marcha, no pienso hacer más paradas de las absolutamente necesarias. Aprende lo que puedas porque, cuando lleguemos allí, el juego habrá terminado.

Antes de tener tiempo a asentir, Mike conectó el aparato y la cabina de una torreta se materializó frente a mí. Gracias a los guantes podía sentir los controles, el acabado metálico de la consola. Incluso el desvencijado cuero de la silla. Todo estaba allí, tan sólidamente extraño que me resultaba imposible pensar que no fuera auténtico. Aquella imagen holográfica se había adueñado de mi mente transformando la realidad. Sujeté con fuerza los controles mientras Mike me advertía que había programado el aparato para que incrementara la dificultad cada dos oleadas.

Asentí con la cabeza y me preparé. El primer enemigo que se generó no era más que un diminuto punto en la pantalla de mi radar. Esperé pacientemente hasta que pude tener una confirmación visual. Una aurora. volaba despacio, con un rumbo prefijado, como si su piloto hubiera puesto el piloto automático y estuviera echando una cabezadita. Un suave cosquilleo empezó a recorrerme el estómago. Tenía la aurora a tiro pero mis dedos se negaban a apretar el gatillo. Mi mente consciente me decía que no era real, que tan sólo era una imagen generada por ordenador pero... ¿Y sí...? Desplacé las gafas de mi cara un segundo, sólo para comprobar que seguía sentado en al silla de la Lancer. Creí que el cosquilleo desaparecería pero no fue así. Al volver a ponérmelas, la aurora se había acercado tanto que incluso podia distinguir al piloto. Estaba allí, sentado, mirándome fijamente.
No parecía hostil. ¿Por qué iba a dispararle si...?
De pronto un fogonazo rojo iluminó el universo y un calambre me traspasó el cráneo cuando el láser impactó con la Blue Star. Ni siquiera tuve tiempo de pensar que todo estaba en mi imaginación. En aquel momento mi instinto tomó el control y, para mi instinto, aquel bastardo quería volarnos en mil pedazos. Apunté al casco de la nave y le disparé todo lo que tenía a mano. La nave no varió el rumbo ni un milímetro y explotó esparciendo sus restos por el espacio.

La aurora había desaparecido y por mi nuca resbalaban ríos de sudor.

Ni siquiera tuve tiempo a reaccionar cuando otras dos auroras aparecieron en el radar. Se aproximaban a gran velocidad, pero me encontrarían preparado para cuando llegaran.

Cuando Mike desconectó el programa estaba dando cuenta de la última 300i que había estado persiguiéndonos. Había logrado bajar nuestros escudos al máximo y castigaba duramente el casco de la nave y, cuando Mike me quitó las gafas, me costó abandonar una realidad por otra. La apremiante sensación de peligro estaba allí, bombeando con fuerza en mi corazón y en mis sienes doloridas por las descargas. Estaba completamente empapado y respiraba aceleradamente. Una fuerza invisible tiraba de mis hombros hacia abajo y mis cervicales crujieron cuando moví la cabeza de un lado a otro.
Habían pasado dos horas.
-Hay que descansar de vez en cuando? -dijo él. Yo, a pesar del agotamiento, sonreía.
-Ahora sí creo que me tomaré esa ducha.

Ni siquiera me di cuenta que habíamos repostado y que ya estábamos dejando Croshaw atrás. Enfrascado en el irreal mundo luchaba por mantener las oleadas enemigas fuera del alcance de la Lancer. Ya ni siquiera me preocupaba que no dejaran de parpadear puntos rojos en el radar, lo único que quería era que no se acercaran. Algunos caían, claro que sí, pero resultaba que se me daba condenadamente bien lo que luego sabría que se llama fuego de contención. Parecía tener un instinto nato para calcular el momento preciso para soltar una ráfaga y cuando realizar disparos sueltos pero certereos con el fin de regular la energía disponible. No lo hacía de un modo consciente, simplemente estaba allí. Descubrí que muchos de aquellos falsos pilotos parecían temerme, lo que, sin duda, me desconcertaría más adelante cuando lo pensara fríamente.

Fue Mike quien volvió a 'desenchufarme'.
-Será mejor que descanses. No eres manco del todo chico, pero te necesito fresco.
Me recosté en una de las camas y cerré los ojos. Apenas podía creer lo lejana que me parecía mi anterior vida, y ni siquiera habían pasado dos días desde que partimos.
Puedes ser la clase de hombre que decidas ser
Las palabras de Mike se habían gravado en mi cerebro y pensaba convertirlas en el Leit motif del resto de mi vida. Hasta ese momento nadie me había preguntado qué clase de vida quería. Empecé a trabajar en la cadena a los catorce años. Nunca conocí otra cosa, ni nunca me plantee que pudiera haberla.
No, nadie me lo había preguntado nunca, ni siquiera yo.
Pensar en ello me abrumaba sobremanera, así que lo dejé a un lado por el momento. Había estado treinta años de mi vida sin saberlo, no venía de unas horas. Lo que sí tenía claro era que, ese hombre, no sería la clase de tipo que le da la espalda a un padre en apuros.
Aquello me lanzó un breve y fugaz destello de mi propio padre y de lo que hubiera dado para que se hubiera preocupado, tan sólo un poco, de mi cuando mamá murió.

Pero aquello formaba parte del pasado y no iba a dejar que siguiera haciéndome daño. Por primera vez en mi vida podía escoger, y escogí mirara hacia adelante. Y, si ese futuro era breve, al menos habría sido mío.

No logré dormir del todo. Entraba y salía de un estado de semiconsciencia en el que retazos de mi pasado se entremezclaban con destellos de mi futuro. Esperaba escuchar la voz de Mike avisándome que nos estábamos acercando a la puerta de salto, pero lo que escuché fue algo muy distinto, algo que no hubiera esperado de un tipo como él.

Mike canturreaba una vieja tonadilla. En sus labios resultaba hermosa y cálida, repleta de un honor largo tiempo olvidado.

"No me importa dónde vengo
ni me importa dónde voy
pues la nave es mi goleta
el espacio la marea
la cerveza mi bandera
y mi hermano un Cowboy"

Creo que la última frase se le atragantó, como si trajera dolorosos recuerdos de un pasado que intentaba mantener a raya. Pensé en la insignia que había visto medio borrada en el casco; "Space Cowboys". ¿Una vieja ala militar de la UEE? No. Sin duda Mike era un tipo duro y podría haber estado en el ejercito, pero algo me decía que no era eso.

-¿Ya te has levantado?- ni siquiera me sorprendió que lo supiera- Lávate la cara y prepárate. Saltamos en un minuto.

Corrí hacia la torreta. Se me hizo extraño estar sentado en ella, tocar sus controles con mis verdaderas manos. Era casi como si la recreación virtual fuera, de algún modo, más real que la propia realidad. Salvo que allí no habría leves descargas en las sienes si nos alcanzaban. Sacudirían la nave con cada impacto hasta que...
¡No! Deja de pensar eso.
Ríos de sudor frío empezaron a surcar mi espalda. Mis manos estaban empapadas y amenazaban con resbalar de los controles. Miré a mi alrededor en busca de algo con lo que secármelas a esas alturas incluso la camisa estaba humedecida) cuando vi un par de guantes de cuero marrón. Era viejos y estaban desgastados en las palmas. Me los enfundé y comprobé que ese ajustaban a la perfección a mis manos. Me sorprendió lo cómodos que resultaban. Casi como una segunda piel.
Cogí los mandos y esperé.
Ni siquiera fui consciente hasta mucho más tarde que en mi mente repetía una y otra vez la canción que le había escuchado a Mike.

...la cerveza es mi bandera
y mi hermano un Cowboy

De algún modo me infundía un valor que no creí poseer.

El universo implosionó en un estallido de luz y de color. Era la primera vez en mi vida que saltaba. Cerré los ojos y procuré vomitar lo más lejos de los controles que pude.

Supongo que si salimos de esta con vida no le importará que le haya manchado a su pequeña

-Manten los dedos lejos del gatillo hasta que te lo diga -dijo la voz de Mike a través del intercomunicador- No vamos a empezar ninguna pelea pero, por el amor de Dios, asegurémonos de ser quienes las terminemos.

Mike había recibido un soplo sobre los tipos que se habían llevado a su hermana. Al parecer alguno de ellos solía regentar un bar de mala muerte en la Estación Negra. Aterrizaríamos allí e iríamos a hacerle una pequeña visita.

El silencio en el espacio puede resultar turbador. incluso con el constante rugir de los motores de la Lancer, uno podía sentir la nada que se abría más allá del frágil casco de la nave. No pensé hasta en ese preciso instante que lo único que nos mantenía con vida era una fina capa de metal. (ni es tan fina en realidad, ni es simple metal pero, para mi, en aquel momento, era poco más que una lata de conservas gigante lo que me mantenía con vida)

-Del'an -agradecí a Mike que rompiera aquel silencio- asegúrate de que la torreta está desactivada.
-Lo esta Mike. ¿Qué ocurre?
-Caterpillar a diez clics. Incluso a mis sensores les ha constado fijarla y, créeme, mis sensores pillan lo que sea.
-¿Piratas? -ni siquiera se lo estaba preguntando a él, más bien se lo hacía al universo. Casi no podía creerlo.
-Tu estáte tranquilo y todo irá bien.
Ambos sabíamos que eso no era cierto. Tal vez no hubiera salido nunca de Davien, pero hasta yo sabía que no teníamos nada que hacer en un combate con uno de esos bichos. Y menos allí, donde nadie movería un sólo dedo para ayudarnos.
-Siete clics.
Silencio.
Un ligero cosquilleo naciendo en la boca de mi estómago.
-Cinco clics. Nos están escaneando.
El aire empezó a escasear en la diminuta burbuja de la torreta. Procuraba arrancarlo a dentelladas y me esforzaba en mantenerlo en mis pulmones. Casi como si temiera que, si lo soltaba, eso fuera a hacer que nos atacaran.
Es absurdo, lo sé, pero cuando sientes que la muerte pasa volando a tu lado lo último que quieres es llamar su atención.
Recé en silencio para escuchar la voz de Mike a través del intercomunicador diciendo que todo iría bien, que no les interesábamos. Al fin y al cabo no llevábamos carga alguna. Ni siquiera me atreví a pensar que podrían no estar interesados en carga alguna. Al fin y al cabo el tráfico de esclavos era más que habitual en los sectores exteriores.
El tiempo pareció detenerse mientras esperaba algún tipo de señal. El tejido del tiempo se había desgarrado y no podía soportarlo más. Todo mi cuerpo quería gritar. Tuve que reprimir el impulso de encender la consola con todas mis fuerzas. Sólo quería que ocurriera algo, lo que fuera, que nos devolviera al normal devenir de la vida. Diminutas agujas palpitaban en mis sienes a medida que mi corazón se aceleraba. Era como si pudiera sentir el escaneo de la Caterpillar directamente sobre mi piel.

Creía que iba a enloquecer cuando Mike volvió a hablar.
-Están variando su rumbo.

Cuando la nave nos sobrepasó pude ver su inmensidad a través del cristal. Incluso en la distancia uno podía ver sus formas dibujadas sobre el negro tapiz del espacio y su visión no podía ser más aterradora.

-La estación Negra está cerca. No deberíamos tener más problemas.
-Al menos hasta que aterricemos- No lo dije, pero sabía que él pensaba igual.
-Mierda Mike, creo que me he cagado encima -le respondí.
Pude escuchar su carcajada sin necesidad de interfono. Y yo también me solté. Era una risa casi histérica. Refrescante en más de un sentido que alejaba los temores y aligeraba el espíritu hasta permitirnos creer que todo iba a ir bien.

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Relatos / Biografías / Re:Fecha estelar 2943.4.14
« en: 23 de Abril de 2014, 22:57:06 »
by Delan Conway on Mar Sep 17, 2013 11:51:14

La Blue Star tardo tan solo un suspiro en salir de la atmósfera. Para cuando lo hizo, ni siquiera había tenido tiempo a reordenar mis ideas. ¿A dónde nos dirigíamos? ¿Con qué propósito? y, lo más importante, ¿Cuánta gente iba a morir por el camino? Miré de reojo el armamento que tenía a mis espaldas y un ligero escalofrío recorrió mi espalda.

Ni siquiera me atreví a preguntar.

-Tienes tiempo de echarte un rato si quieres. Tienes pinta de necesitar una buena siesta.- dijo Mike sin dejar de mirar la inmensidad del espacio- Y que te ducharas no nos iría mal a ninguno de los dos.-su voz era ronca y carraspeó al intentar sonreír.

No debía hacerlo a menudo.

-¿A dónde vamos?-pregunté.

-De aqui directos a Croshaw, luego todo recto hasta Nul. -lo dijo con la misma naturalidad con la que uno contaría las estaciones de cualquier transporte terrestre.

-¡Nul! ¡¿Te has vuelto loco?! -Mike ni pestañeó- Eso está fuera de... -mi boca se movía, pero mi cerebro apenas procesaba la información.

Me levanté y fui a la bodega de carga. Necesitaba estar sólo y no podía pensar con claridad cerca de ese tipo. Íbamos a hacer una incursión fuera de los límites de la UEE, sin una escolta y metidos en esa vieja chatarra. Era una locura.
Pasee entre los contenedores sin ni siquiera preguntarme qué carga contendrían, intentando recordar qué me había empujado a subirme a la Lancer. Apenas recordaba lo sucedido. Tan sólo breves retazos del pasado se presentaban en mi memoria, como perdidos fotogramas de una película incompleta. Supongo que Mike me dio algo que hacer cuando no sabía qué dirección tomar. ¿Podría ser aquello tan simple?

Pero no había tiempo de pensar en ello. Dijo que nos detendríamos en Croshaw, sería un buen momento para escapar. Sí, en cuanto atraque saldré de la nave y montaré un buen escándalo. Eso seguro que atraerá la atención de mucha gente. No me hará nada delante de todos ellos.

Mike carraspeó a mi espalda. Ni siquiera le había oído acercarse. Di un respingo. Él, sin embargo, hizo como si no lo viera. Se sentó con la espalda recostada en un contenedor y me invitó a acompañarle. Parecía cansado.
-Sé lo que estas pensando chico, y no voy a obligarte a venir conmigo. -De pronto su voz resulto extrañamente reconfortante y alejaba la imagen de lunático que me había empezado a forjar de él.-no pensaba detenerme mucho en Croshaw, un repostaje rápido y a seguir nuestro camino, pero si quieres puedo pedirle a la Starfarer que te lleve con ellos. Conozco a esos tipos desde hace años; no pondrán pega alguna. Yo... bueno, supongo que podré apañármelas sin ti.
-Mike, -era la primera vez que le llamaba por su nombre y aquello, por extraño que pareciera dadas las circunstancias, hizo que me sintiera más próximo a él de lo que hubiera cabido esperar- ¿por qué? ¿Qué hay allí?
Mike lanzó un breve suspiro y desvió la mirada hacia el vacío que se abría más allá del casco de la nave, casi como si pudiera ver a través de él.
-No es qué, sino quién.

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